La Leyenda de Clíodhna: la diosa del mar que murió por amor
En las verdes costas del sur de Irlanda, donde el océano ruge contra los acantilados como si quisiera devorarlos, dicen que aún puede oírse un canto. Ni humano ni de ave. Un lamento antiguo. El lamento de Clíodhna, la reina del Otro Mundo.
La soberana de los sidhe
Clíodhna era una de las grandes diosas del Tír na nÓg, la Tierra de la Juventud Eterna, donde no existe el dolor ni el paso del tiempo. Con su belleza radiante y su voz hipnótica, gobernaba sobre las banshees y los espíritus feéricos. Tres pájaros mágicos siempre la acompañaban: uno rojo, uno azul y uno verde. Cuentan que su canto podía sanar cualquier dolencia humana… incluso los corazones rotos.
Pero un día, lo imposible ocurrió: Clíodhna se enamoró de un hombre mortal.
El amor que desafió a los dioses
Su nombre era Ciabhán, un guerrero de cabellos oscuros como la noche. Él no temió a la diosa, y ella, harta de la eternidad sin emociones, decidió seguirlo. Abandonó el Reino de las Hadas y cruzó las aguas para quedarse en el mundo de los hombres.
Pero los dioses no perdonan las deserciones.
La ola que nunca perdona
Una mañana, mientras Ciabhán dormía en la arena, Clíodhna caminó junto al mar. Nadie sabe si fue nostalgia o un presagio lo que la hizo acercarse al agua.
Fue entonces cuando la gran ola de Glandore se alzó como un muro líquido. Algunos dicen que la envió el dios del mar para castigarla. Otros que fue el propio Tír na nÓg reclamando a quien le pertenecía.
La ola cayó sobre ella… y Clíodhna desapareció para siempre.
Su canto eterno
Dicen que desde aquel día, Clíodhna vive atrapada entre ambos mundos: ni viva ni muerta. A veces se oye su voz en las olas antes de una tormenta. A veces, en los sueños de los enamorados que temen perder lo que aman.
No como advertencia… sino como recuerdo.
Porque hasta las diosas pueden morir por amor.
Y a veces, morir no significa desaparecer… sino quedarse para siempre, en forma de canción.



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