La Leyenda de la diosa Sekhmet: el día en que la furia casi destruye al mundo
En los albores del antiguo Egipto, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, el poderoso Ra gobernaba el cielo y la tierra. Sin embargo, los humanos comenzaron a murmurar contra él. Lo habían olvidado. Lo despreciaban.
Y el dios del sol, herido en su orgullo, decidió castigarlos.
El nacimiento de la furia
Ra arrancó un rayo de su ojo y lo lanzó sobre la tierra. De aquella luz ardiente nació Sekhmet, la diosa leona, con el pelaje de fuego y los ojos del color de la sangre recién derramada.
—Ve —ordenó Ra—. Castiga a los mortales por su insolencia.
Sekhmet bajó rugiendo a la tierra… y el castigo comenzó.
Con la ferocidad de mil tormentas, la diosa arrasó aldeas enteras. Sus garras destrozaban las murallas, y su aliento caliente hacía temblar el suelo. La sangre de los hombres corría como ríos. Ra, al contemplar la destrucción, comprendió que había desatado algo que ni él mismo podía detener.
El vino que salvó al mundo
Para detenerla, los dioses idearon un plan. Pintaron miles de vasijas de cerveza con pigmentos rojos, para que pareciera sangre, y las vertieron en los caminos por donde Sekhmet pasaría.
Cuando la diosa llegó, encontró aquel río carmesí. Creyendo que era el resultado de su furia, bebió sin parar… y bebió tanto que cayó dormida, embriagada.
Fue entonces cuando despertó en ella otra naturaleza: ya no la furia, sino la curación. Desde aquel día, Sekhmet se transformó también en diosa sanadora, protectora de médicos y sacerdotisas curanderas.
La dualidad eterna
Sekhmet nunca dejó de ser temible, pero aprendió a equilibrar la destrucción y la protección. Es el fuego que arde y el fuego que purifica. La guerra… y la medicina.
Dicen que aún hoy, cuando una epidemia o un incendio estalla, es Sekhmet quien pasa. Pero también es ella quien puede detenerlos si se le honra con respeto.



Interesante leyenda sobre la medicina
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