Kikimora: la que susurra cuando todos duermen

Kikimora: la que susurra cuando todos duermen

En las aldeas antiguas de Europa del Este, cuando el invierno era largo y las casas crujían bajo la nieve, nadie se atrevía a quedarse despierto después de la medianoche. No por el frío… sino por Kikimora.

La presencia invisible

Kikimora no siempre se muestra. Vive detrás de las estufas, bajo el suelo o en los rincones donde la luz nunca llega. Es pequeña y delgada, con miembros retorcidos y ojos brillantes como agujas. Su risa es baja, casi infantil, pero nunca inocente.
Por las noches, se sienta junto a las camas y observa. Si la casa está en armonía, apenas se oye su paso. Pero si hay discusiones, desorden o mentiras, Kikimora despierta.

El castigo silencioso

Primero llegan los sonidos: golpes suaves en las paredes, pasos diminutos, hilos que se enredan solos. Luego, los sueños se vuelven pesados. Quien duerme siente un peso en el pecho, como si algo invisible se sentara sobre él, robándole el aliento.

Dicen que Kikimora susurra secretos al oído, palabras que siembran miedo y desconfianza. No mata… pero desgasta. No ataca… pero nunca olvida.



La forma del bosque

No todas las Kikimoras viven en casas. Algunas habitan los pantanos y los bosques. Estas son aún más peligrosas. Atraen a los viajeros con risas suaves o llantos falsos y los conducen hacia ciénagas profundas de las que no se puede escapar.

Cuando el amanecer llega, no queda rastro. Solo huellas pequeñas que desaparecen entre el barro.


Una advertencia ancestral

Para los pueblos eslavos, Kikimora era un recordatorio: el caos llama a la oscuridad. Mantener el hogar limpio, la palabra honesta y el espíritu en calma era la única defensa.

Porque cuando el silencio se vuelve demasiado espeso…
Kikimora ya está escuchando.


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